Suárez: el hombre que salió del franquismo y acabó enterrado como símbolo de la democracia

Cuando Adolfo Suárez falleció en Madrid el 23 de marzo de 2014, a los 81 años, España no solo despedía a un antiguo jefe de Gobierno. Despedía a uno de los hombres más complejos, discutidos y decisivos de su historia reciente.

Adolfo Suárez y la Transición Política - Acalanda Magacín

Durante aquellos días de duelo, miles de ciudadanos se acercaron a rendirle homenaje. Más de 30.000 personas pasaron por la capilla ardiente instalada en el Congreso de los Diputados. No todos habían pensado igual que él. No todos lo habían apoyado en vida. Pero muchos entendieron, al final, que su nombre estaba unido para siempre a uno de los momentos más delicados del país.

Suárez no llegó al poder como un héroe indiscutible. Llegó desde dentro del sistema franquista, en una España que todavía caminaba entre el miedo, la prudencia y la memoria de una herida antigua. Para parte de la oposición, era un hombre del régimen. Para los sectores más duros del antiguo franquismo, pronto empezó a parecer una amenaza.

Esa fue quizá una de las grandes paradojas de su vida política: unos no terminaban de confiar en él, mientras otros sentían que estaba traicionando el mundo del que procedía.

Y, sin embargo, fue precisamente en ese espacio incómodo donde Suárez construyó su papel histórico.

Un año sin Adolfo Suárez, el hombre de las dos transiciones | El Correo

Entre 1976 y 1981, España vivió años decisivos. Había que desmontar una estructura política sin provocar una nueva fractura. Había que legalizar partidos, celebrar elecciones libres, abrir las instituciones y acompañar el nacimiento de una Constitución que pudiera ser aceptada por sensibilidades muy distintas.

Nada de aquello era sencillo. España no era un país en blanco, sino una nación cargada de recuerdos, temores y silencios familiares. Muchos habían vivido la posguerra. Otros habían crecido bajo la dictadura. Y no pocos miraban cualquier cambio con esperanza, pero también con inquietud.

Suárez entendió que la política, en aquel momento, no podía consistir en aplastar al adversario. Tenía que consistir en hablar con él. En ceder. En escuchar. En pactar. En aceptar que la España nueva no podía nacer como una victoria de media nación sobre la otra.

Adolfo Suárez Dies at 81; Led Spain Back to Democracy - The New York Times

Por eso su figura sigue generando debate. Para algunos, fue el gran padre de la democracia española. Para otros, fue un político pragmático que simplemente supo leer que el franquismo ya no podía sobrevivir como antes. Pero incluso quienes cuestionan su legado suelen reconocer algo: tuvo la habilidad de moverse en un terreno peligrosísimo cuando un error podía haber costado demasiado caro.

Su final político, sin embargo, fue mucho menos luminoso que su recuerdo histórico. Su partido, la UCD, empezó a deshacerse. Su liderazgo se desgastó. Las presiones aumentaron. Y Suárez terminó dimitiendo antes de ver plenamente consolidado todo aquello que había ayudado a iniciar.

Quizá por eso su historia tiene una fuerza especial. No es la historia perfecta de un vencedor. Es la historia de un hombre que pagó un precio político enorme por empujar a España hacia una etapa distinta.

Su tumba, en la Catedral de Ávila, no necesita una frase grandilocuente. Resume su legado con una idea sencilla y profunda:

“La concordia fue posible.”

Tal vez ahí esté la clave. Suárez no representó una España sin conflictos, sino una España que, pese a sus heridas, fue capaz de sentarse a hablar.

Y esa sigue siendo la pregunta que acompaña su memoria: ¿fue Adolfo Suárez el hombre que salvó la democracia española, o el político que supo escuchar, antes que muchos otros, lo que España ya estaba pidiendo?